Esa misma noche, Charles decidió que, definitivamente, estaba dispuesto a pasar página. Pensó: "necesito salir y distraerme, al fin y al cabo, con un clavo se saca otro clavo". En ese mismo instante, sonó el teléfono en el apartamento de Howard, se levantó apurado pensando que tal vez al otro lado del teléfono estaría la persona que esperaba; pero no fue así. Una voz femenina sonó al otro lado del aparato: era Lucy, la chica con la que se había acostado hacía dos noches. No tenía ganas de salir, realmente tenía la cabeza hecha un lío; pero aún así decidió salir a tomar el aire, necesitaba hablar con alguien y solo podía recurrir a aquella chica.
Charles se arregló lo mejor que pudo, se puso los pitillos negros que tan bien le sentaban y la corbata negra estrecha que caía sobre el blanco impoluto de la camisa. Salió de casa radiante y decidido a pasar una buena noche.
Una vez que llegó al pub, todas las chicas se giraban para observarlo mejor. Incluso algunas que estaban acompañadas conseguían encontrar un momento para hacerle un repaso de arriba a abajo sin que sus chicos se diesen cuenta.
Empezaba a ser una noche perfecta, con los amigos de siempre, bailando las canciones que más le gustaban y dejándose llevar por la combinación de olor a tabaco y perfumes dulzones que había en el lugar; hasta que él apareció por la puerta, rompiendo en añicos el equilibrio que había conseguido construir.
Ella le había insistido en que debía salir, que el Howard que conocía nunca antes había desperdiciado un sábado quedándose en la habitación; así que se convenció de ello, de que debía despejar su mente, o al menos intentarlo. Ni siquiera abrió el armario para cambiarse, decidió que tal como iba vestido, con la camisa blanca de cuello en pico y pantalones beige, iba acorde para salir.
Los dos fueron de bar en bar buscando gente conocida o un ambiente activo, pero siempre tenían que salir de allí porque se aburrían; hasta que, después de pasar bastante tiempo merodeando por los sitios, encontraron el lugar idóneo.
Desde la calle se podía presenciar la tenue luz del pub, la gente bailando despreocupada; era lo que habían estado buscando. Entraron por la puerta, ambos sonriendo, y se dirigieron directamente a la barra.
Charles los vigilaba desde los escasos metros que los separaban, intentando que sus colegas no se lo notasen. Los vio acercarse a la barra, verlo pedir su mismo gin tonic de siempre lo hizo sonreír; pero la voluptuosa rubia que se arrimaba a él le arrancaba la sonrisa de cuajo. La actitud de seducción fracasada lo irritaba y a la vez divertía, se moría de ganas de acercarse allí, darle una patada y sacarla del bar; mejor dicho, de la vista del pelirrojo.
"No pienses en eso ahora", se dijo, enfadándose consigo mismo. "Has venido aquí precisamente para olvidar"; y, tras ese pensamiento, se despidió de sus amigos y salió a cazar alguna presa.
Se dirigió despacio hacia donde toda la gente bailaba y reía, se mezcló con la multitud. Iba dando falsas sonrisas a las chicas que se le acercaban de forma insistente, a modo de disculpa. Él no quería una chica; no, él tenía muy clara su orientación sexual. Estaba perdiendo la esperanza, no parecía haber ningún hombre dispuesto a "jugar" un poco con él, cuando de pronto vio una radiante sonrisa desde unos sillones al fondo del pub. Se acercó a aquel chico, tenía el pelo rubio y los ojos grandes color avellana.
—¡Hola! —Exclamó contento.
—Hola, ¿estás solo? —Preguntó el dulce chico. Parecía cinco o seis años menor que él, se veía muy inocente.
—No, ahora ya no —le respondió sentándose a su lado.
—Genial —sonrió—, me llamo Daniel.
—Yo soy Charles, encantado. —Lo miró a los ojos durante un largo segundo, casi perdiéndose en aquella inocente mirada color miel. Volvió a retomar la conversación— ¿Qué haces aquí, tan apartado del mundo?
—Estaba esperando a alguien interesante, y me parece que lo he encontrado. —Dijo riéndose.
No había más que decir, ese chico sería su dulce aquella noche. Le quitó el vaso de mojito de la mano y lo posó despacio sobre la mesa; a continuación colocó la mano en la rodilla del otro y se inclinó de forma seductora hacia los labios del chico. Sonrió antes de dar el gran paso, quería saborear bien su súbita libertad. Le dio un suave roce de labios y descubrió que Daniel le daba permiso para profundizar aquel simple roce.
Desde la barra, mientras aquella chica le decía cosas obscenas al oído, Howard dirigió su mirada por un instante hacia el fondo del sitio.
Por un momento no reaccionó, se quedó pasmado observando cómo un Charles arreglado y seductor se abalanzaba sobre un afortunado chico. Su mano empezó a temblar, sacudiendo el vaso y derramando gotas de alcohol en el suelo.
Una expresión mezcla de enfado y repulsión comenzaba a asomarse en su semblante, apretaba tan fuerte los dientes que los hacía rechinar. La mano que no sujetaba el vaso se cerró en un puño, apretando tan fuerte los nudillos que consiguió rasgarse la piel; la sangre brotó con brusquedad de las heridas, inundando suavemente la apretada palma de su mano. Él no se daba cuenta de todo esto, tenía la mirada fija en las lascivas acciones de Charles con aquel tipo, viéndolo agarrar al chico con fuerza por la camisa, devorándolo con fiereza; parecía que se lo iba a merendar en aquel mismo sillón, lo que hacía que la sangre del pelirrojo hirviera en sus venas.
La rubia continuaba hablando sin parar, como había hecho desde el principio, creyendo que su atractivo acompañante le prestaba atención; ella no se daba cuenta de la transformación que estaba sufriendo el hombre, tornándose en fiera rabiosa, sedienta de sangre, dominada por los celos. Y tampoco se dio cuenta cuando, finalmente, golpeó el vaso en la barra, haciendo que el vidrio estallase en pequeños trozos, y comenzó a caminar con paso firme.
El odio que sentía lo comía por dentro. Quería con todas sus fuerzas poder apartar la mirada de aquella explícita escena pero ya era demasiado tarde: la tenía metida en su cabeza, haciendo que su visión los enfocara solamente a ellos dos dándose el lote y emborronando todo lo demás, todo lo no importante para Howard. Sabía que ese impulso lo delataba, sacaba a la luz la rabia que sentía al presenciar un mínimo contacto de Charles con otra persona que no fuese él. Sus movimientos lo hacían enloquecer poco a poco. La sangre que se había resguardado en su puño ahora goteaba y salpicaba el suelo de un tono que sus ojos comenzaban a adoptar: rojo intenso de rabia, de un profundo y enfermizo amor secreto.
De pronto, una idea lo hizo frenarse en seco: ¿Qué estaba haciendo? Ese pensamiento causó una gran confusión en él, lo que lo llevó a hacerse una segunda cuestión: ¿Por qué lo estaba haciendo?
En ese momento se sintió observado. Dirigió de nuevo la vista hacia el fondo del pub: Charles lo miraba directamente a los ojos, con el rostro serio y una expresión de molestia. Estaba claro que no quería que él le estropease la noche, ya tenía un nuevo "fichaje" y no era él.
Sintiéndose algo confundido, salió de aquel lugar corriendo. Le daba igual todo: la chica que le susurraba al oído en la barra, lo que pensase la gente que lo veía escapar... todo era confuso. Sintió la necesidad de correr como nunca, hasta que sus piernas no pudiesen más; y así lo hizo.
Pasó a través de las calles llenas de gente y de los parques sin niños. Después de una hora corriendo, terminó delante de su hotel. Subió jadeando las escaleras y entró a duras penas en su cuarto. Cerró de un portazo la puerta, se dejó caer sobre el colchón sin aliento y lloró, lloró porque era un cobarde, porque no había sido capaz de aceptar que sentía más que deseos sexuales hacia Charles y porque ya era demasiado tarde, ya lo había perdido.
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¡Hoooooooola! ^^
Bienvenidos a nuestro blog, somos Nessie, Llemi y Mononoke. Este blog está dedicado a publicaciones de fanfiction e historias creadas por nosotras, aquí es donde dejamos volar nuestra imaginación y construimos nuestro mundo particular.
Advertencia: algunas de las historias pueden tener contenidos slash; eres libre de elegir leerlas, si te sientes incómodo con ese tema siempre puedes retroceder. Pero, si te gusta, ¡has llegado al sitio correcto!
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