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Bienvenidos a nuestro blog, somos Nessie, Llemi y Mononoke. Este blog está dedicado a publicaciones de fanfiction e historias creadas por nosotras, aquí es donde dejamos volar nuestra imaginación y construimos nuestro mundo particular.
Advertencia: algunas de las historias pueden tener contenidos slash; eres libre de elegir leerlas, si te sientes incómodo con ese tema siempre puedes retroceder. Pero, si te gusta, ¡has llegado al sitio correcto!

lunes, 29 de julio de 2013

Skinny love - capítulo 1

Holaa~
Como dije, hoy publico una historia que hicimos Mononoke y yo juntas. Más vale tarde que nunca, ¿no? aún sigue siendo 29, ahí al límite, a las once de la night. Yeah. (?)
Como siempre, advierto: hay contenido slash y quizás más adelante, en otros capítulos, algo lime o lemon. Si no te gusta no tienes por qué leerlo :) pero si lo haces, ¡cae en tu responsabilidad!
Bueno, ahí os lo dejo. No os olvidéis de comentar poooooorfi, que no cuesta nada ^^ ♥


  Las puertas del ascensor se abrieron y el chico moreno salió al pasillo. Avanzó rápido por la alfombra roja hacia la puerta de su habitación mientras buscaba por sus bolsillos la llame magnética; no la encontraba. Maldijo, volviendo la vista hacia atrás y recogiendo la tarjeta blanca tendida en el suelo a unos pasos de él.
  A medida que se acercaba a la puerta de su habitación, aumentaba la velocidad de sus pasos. No quería reconocerlo, pero estaba realmente nervioso. Se pasaba los dedos por el cabello negro y volvía a meter las manos en los bolsillos de sus tejanos, agarrando la llave.



  Cuando estuvo frente a la puerta, suspiró. Tardó unos minutos en decidirse a abrir la puerta, sopesando la idea de hacerlo. Finalmente, mentalizándose, sacó la tarjeta de su bolsillo y la accionó.
  Una leve brisa sacudió su camisa de cuadros verde oscura, haciendo que un escalofrío recorriese su cuerpo. Dejando a un lado el nerviosismo, entró al cuarto y cerró la puerta tras de sí, permitiendo que la oscuridad de la habitación lo envolviese.

  Lo había decidido y lo tenía muy claro, le devolvería el disco de Bon Jovi que le había prestado, le daría las gracias y saldría de aquel cuarto.
  No quería volver a caer en su juego porque sabía perfectamente que volvería a traicionarle, volvería a marcharse con cualquier chica del pub al que solía ir en cuanto llevase encima dos o tres copas de más. Así que, cuando dio el primer paso para adentrarse en la habitación, adoptó la expresión más seria que pudo y miró hacia el frente con cierta frialdad.

  Cuando la tenue claridad que traspasaba la cortina le permitió apreciar lo que se escondía en aquel cuarto, pudo verlo sentado en un sillón negro situado cerca de la ventana. Estaba leyendo, como casi siempre, con aquellas gafas de pasta negras que le daban un toque intelectual.
  Intrigado por aquel incómodo silencio, apartó la vista de las blancas páginas del libro y observó a Charles extrañado.
  —Hola —le saludó, luciendo esa sonrisa cálida tan típica en él, haciéndolo verse seductor. Su tono de voz ronca y rasgada casi hace perder la compostura a Charles.<
  —Toma —le correspondió la sonrisa, aunque la suya era seca y tajante. Ni siquiera se atrevió a mirarlo a los ojos, sabía que habría perdido con solo desviar la vista hacia su mirada verde clara, habría caído en sus garras de nuevo por culpa de su seducción. Llevó la mano con nerviosismo hacia la pequeña mochila que llevaba a las espaldas y sacó el disco. Se lo entregó rígido como un árbol, con la mirada clavada en el suelo.
  El pelirrojo frunció el ceño, extrañado por el comportamiento de Charles. Cogió el disco fijando la vista en él, escrutando cada movimiento, cada gesto que él hacía, y los dejó en la mesa que tenía enfrente. Charles se llevó una mano a la cabeza, frotándose el cabello en señal de indecisión; viendo que intentaba despedirse, Howard alzó sus gafas hacia arriba, despejando su frente de los tirabuzones que caían por su rostro, dejó el libro en la mesa y se levantó con brusquedad.
  Se movió tan rápido como pudo, lo más rápido que sus piernas le permitieron. Agarró con rudeza el brazo del moreno y lo giró hacia él. Sus miradas se encontraron fugazmente, por unos segundos. Charles apartó sus pupilas de las del pelirrojo, no quería arriesgarse.
  —¿Qué te pasa? No lo entiendo —le dijo Howard, todavía sosteniendo la mirada en él— ¿Todavía estás molesto?
  El moreno solo pudo enfadarse como contraataque a aquellas preguntas. ¿Que si aún seguía molesto? Estaba claro que sí y tenía decidido y asimilado que él se merecía a alguien mejor, o al menos a alguien que le fuese fiel todas las noches, que le dijese de vez en cuando lo mucho que le quería y lo más importante: que estuviese dispuesto a tener una relación seria. Tampoco pedía tanto, ¿no?
  Cuando volvió a la realidad, se dio cuenta de que su brazo seguía firmemente agarrado por aquella persona. Estaba decidido a dejar zanjado todo aquel asunto allí, por lo que quitó de su brazo la mano del otro, suspiró y salió de aquel cuarto sin dejar de resoplar; dejando a un confundido Howard tras de sí.

  Dentro de la habitación, Howard clavaba sus asombrados ojos en la puerta. Suspiró, apretando con fuerza la mandíbula y haciendo que sus labios carnosos se convirtiesen en una fina línea. Su mirada se endureció. Agarró las gafas negras y las lanzó hacia la cama con fastidio, frunciendo cada vez más el ceño.
  Se llevó las manos a la cabeza mientras caminaba por la habitación. "¿Por qué?", se preguntaba, extrañado y frustrado. Se encaminó despacio hacia la puerta y apoyó una mano y la frente en ella; lucía profundamente abatido. Suspiró de nuevo y un escalofrío sacudió su cuerpo, revelando o mas bien gritándole la verdad, haciendo estallar en su mente los sentimientos reprimidos tras esa máscara de impasibilidad. Se mordió el labio y cerró el puño, esperando que Charles estuviera detrás de la puerta, a escasos centímetros de él.

  Al otro lado del cuarto, Charles se apoyó en la madera de la puerta, alzando la vista hacia el techo. Respiraba con agitación. Podía sentir la calidez de Howard a poca distancia, quería sentirla. Cerró los ojos, presenciando cómo una oleada de sentimientos comenzaba a engullirlo.

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